Pionero en las Artes Aplicadas:
Elías Zapata nació en Medellín el 27 de septiembre de 1927. En 1950, a la edad de veintitrés años, se graduó de arquitecto en la Universidad Pontificia Bolivariana, comenzando desde ese mismo momento a ejecutar importantes proyectos en la ciudad y en el país. Zapata fue el creador de edificios, casas privadas, negocios y bodegas. El Hotel Intercontinental de Medellín, El Club Campestre de Bucaramanga y el Aeropuerto Olaya Herrera, especial carta de presentación de su talento.
La integración dinámica-orgánica
El Olaya Herrera fue pensado con el ánimo de ofrecer a las gentes un ambiente donde fuera grato estar. En ese orden de ideas, la zona privilegiada de la estructura es la zona de tiquetes y de espera de los pasajeros. Su hall es el corazón del proyecto, en él se encajan nuevos elementos en la arquitectura de la época: vigas curvilíneas, bóvedas tridimensionales, transparencias, vitrales, recursos poco explorados hasta entonces. A él se integra uno de los mejores aportes de Zapata en la ciudad: las cáscaras de concreto que lo recubren. Livianas, de formas sensuales y refinadas que recuerdan a las nubes, invitando a emular el aeropuerto con el aire mismo, alegoría de la vida y del movimiento, complementadas con la iluminación cenital que se filtra a través de ellas.
Estas serían algunas razones para intentar transmitir la gravitación y el valor del aeropuerto respecto a la ciudad que lo vio nacer y crecer: medio vital de su bienestar y desarrollo, referente de su memoria social, cultural, arquitectónica, urbana. Patrimonio vivo.
EL FABRICANTE DE SUEÑOS:
Gonzalo Mejía Trujillo, sin duda fue uno de los más sobresalientes líderes cívicos que tuvo Antioquia a lo largo de casi 50 años, durante los cuales libró una lucha denodada por vincular al departamento a los avances que en materia de vías de comunicación y medios de transporte habían logrado los llamados países desarrollados. Hombre de acción, no se limitó a señalar perezosamente el horizonte privilegiado que su condición de viajero impenitente le permitió entrever. Sin haber ocupado jamás un cargo público, sin haber cursado estudios formales profesionales, movió cielo y tierra para concretar la construcción de la carretera a Urabá, para conectar a Medellín con Bogotá, para dotar a su ciudad de un aeropuerto que le permitiera romper su aislamiento, su condición mediterránea.