Entra la Panamerican
El 11 de enero de 1932, ante el notario 1 0 de Bogotá, Gonzalo Mejía, en presencia del ministro de Correos y Telégrafos, Alberto Pumarejo, cedió el contrato a la Urabá , Medellín y Central Airways Inc., con domicilio en Wilmington, Condado de New Castle, Estado de Delaware, representado por Juan Uribe Holguín, acto por el cual Mejía recibió en pago 1.500 acciones, sin fijación de valor. UMCA era una empresa subsidiaria de la Panamerican Airways”
El proyecto implicaba también obtener la aprobación del Concejo de la ciudad para la compra y la escogencia de los terrenos más convenientes para la construcción de una pista de aterrizaje, lo que fue tema de no pocas discusiones. Gonzalo Mejía recorrió varias veces a caballo los cerros que circundan a Medellín para determinar el lugar más adecuado. Luego de muchas observaciones se decidió por los terrenos de Guayabal.
Pero si los terrenos de Las Playas eran los más adecuados a ojos del empresario antioqueño, hubo quienes eran partidarios de construir la primera pista de aterrizaje en el lugar del antiguo Hipódromo de san Fernando y no faltaron quienes propusieran que se hiciera en el llano de Niquía, en Bello.
En medio de la discusión, el Cabildo
“Exigió que para poder continuar el proyecto, Gonzalo Mejía debía pagar de su bolsillo un estudio de una comisión de técnicos extranjeros en aeropuertos, las posiciones eran claras. No era que Medellín estuviera interesada en conseguir un aeropuerto y una vía de comunicación con la ayuda de Gonzalo Mejía. Era que Medellín, sin ningún interés, estaba estudiando los peligros de darle permiso a Gonzalo Mejía de hacer su propio aeropuerto”.
La comisión, contratada con la empresa Curtiss-Wright en Nueva York, opinó que los terrenos de Guayabal efectivamente eran los más apropiados y que ofrecían las condiciones de seguridad necesarias para las operaciones aéreas. Las afirmaciones sobre la imposibilidad de construir un campo de aterrizaje en la ciudad, dado que está rodeada de montañas, fueron desvirtuadas, se construyó entonces la pista. Mejía era partidario, desde un principio, de hacerla con una longitud de 2.000 metros , pero tan sólo se hicieron 974. Se construyeron unas instalaciones nada pomposas pero efectivas, para los trámites usuales de registros de vuelos, abastecimiento de combustible, recepción y despacho de carga y pasajeros. Medellín fue incluida en los mapas aéreos, ya tenía aeropuerto. Se llamó Enrique Olaya Herrera, a manera de reconocimiento del presidente que siempre aprobó las iniciativas de don Gonzalo Mejía y de las demás personas que creyeron y apoyaron sus intensas gestiones.
Aterriza el Marichú
En medio de una multitud que acogió el llamado a participar en la inauguración del aeropuerto, el 5 de julio de 1932 aterrizó perfectamente en medio del clamor general, el avión Sikorsky sobre la pista del que en adelante sería "El Olaya". Los periódicos de la fecha invitaban a tocar sirenas. Asistieron el gobernador y el alcalde. Todavía hoy, algunas personas conservan vívidos recuerdos del acontecimiento. El nombre de Marichú se explica en razón del mote familiar con que don Gonzalo Mejía se refería a su entrañable hermana mayor, María Jesús, y era un homenaje a quien lo apoyó sin reservas en todas las empresas que acometió en su vida.
En el corto plazo, comenzaron a aterrizar también los aviones de la Scadta y de la Saco , provenientes de Barranquilla y Bogotá. UMCA volaba a Turbo y seguía a Panamá. El tráfico de aviones y de pasajeros aumentaba, las épocas en que había que desplazarse hasta Puerto Berrío para viajar a la costa atlántica por el río Magdalena eran cosa del pasado. La aviación comercial en la ciudad era un hecho cumplido.