Juan Pablo II arriba a Medellín
El Olaya Herrera era el primer destino del Papa en Medellín. Allí se celebró la ordenación de 92 sacerdotes de todo el país en una ceremonia masiva, la que se cumplió con todos los honores. Miles de personas se agolparon en las instalaciones del Aeropuerto. Para ello, se adecuaron unos módulos de madera a fin de contener a la gente, deseosa de estar lo más cerca posible del mayor prelado de la Iglesia.
Se dispuso de más de 5.000 hombres de los organismos de seguridad, 5.000 brigadistas, 31 médicos, veintiocho enfermeras, veinticuatro auxiliares, 286 socorristas y dieciocho ambulancias para atender eventualidades, que se dieron abundantemente: muchísimos desmayos y más de cien desaparecidos. Las puertas del aeropuerto se abrieron desde las 5:30 de la madrugada, hora en la que ya estaba mucha gente en las afueras.
Numerosas personas pernoctaron para poder ver más de cerca a Juan Pablo II. A cada una se le entregó una bolsa plástica para los desechos y se le informó de los puestos de salud con que contaría el aeródromo, además de la guardería de Bienestar Familiar para los niños extraviados.
Se instalaron una cruz central de 23 metros y una plataforma de 900 metros cuadrados desde la cual el Papa se dirigió al inmenso auditorio que se encontraba reunido en los terrenos de la aeroestación. La cruz se podía ver desde más de un kilómetro de distancia, lo que permitía a los asistentes precisar el sitio exacto donde se encontraba el prelado.
El Papa arribó a tierras paisas a las 10:45 a.m. al Aeropuerto José María Córdova, del cual partiría inmediatamente al Olaya en helicóptero, para viajar después en el mismo aparato al Estadio Atanasio Girardot, a un evento con entradas previamente repartidas. Desde allí hizo su viaje en ‘papamóvil`, bajando por la Avenida Colombia, prosiguiendo al Parque Berrío; subió hasta la Avenida Jorge Eliécer Gaitán (la Oriental), la recorrió hasta el punto en que se convierte en Avenida Echeverri, llegando a la Catedral Metropolitana donde celebró una ceremonia con las comunidades religiosas de hermanas, terminando en el Seminario Mayor.
De esta agenda, el Olaya Herrera tenía bajo su responsabilidad la sesión más complicada, la que mayor organización y cuidado demandaba. Además, sería la primera impresión que Juan Pablo II tendría de la ciudad. El aeropuerto nuevamente se constituía en el escenario de un evento de interés mundial. En sus manos estaba la seguridad de toda una muchedumbre.
El helicóptero papal (FAC 001) apareció en el cielo de Medellín a las 11:10 a.m., generando una reverberación sin igual. De repente, un gran número de asistentes rompieron los cordones de seguridad de los módulos y corrieron por la pista en dirección de la plataforma donde aterrizaría.
A las 11:18 a.m. el Papa pisó por primera vez el suelo de la ciudad. Más de 6.000 personas que habían corrido hacia las cercanías de la plataforma estaban dispersas por doquier. Algunas habían vuelto a sus módulos, pero la gran mayoría se estaban reacomodando entre la multitud más cercana. Luego de detenerse un momento en las instalaciones del aeropuerto, recorrió en ‘papamóvil` una corta distancia para subir a la plataforma. Las manifestaciones de simpatía y admiración no se hicieron esperar.