Toda la estructura del Estado se afinó para que tan ilustre huésped fuera objeto de un buen recibimiento y para que tuviese lugar una actividad religiosa fructífera. Se convocaron las fuerzas militares a fin de garantizar su seguridad; los organismos de atención masiva de desastres fueron puestos en alerta; los contactos diplomáticos con el Nuncio Apostólico aumentaron y la televisión dedicó más de veintitrés horas de transmisión al recorrido, lo que no tenía precedentes en un país que sólo disponía para entonces de dos canales con un horario de transmisión de dieciocho horas diarias.
En pocas palabras, la visita de Juan Pablo II conmocionó al país, que lo recibió el día después que Argentina se coronó campeón mundial de fútbol, lo que sumió a los medios de comunicación en una catarsis de superlativos emocionales en fila.
A su manera, Medellín preparó la recepción del Pontífice. El día 15 de junio se celebró la Marcha de la Fe y del Amor,
que conmemora la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, en concordancia con la llegada del Vicario de Dios.
Según el diario El Colombiano, 4 fue copiosa la cantidad de gente que asistió, todos tenían la experanza de ver a Juan
Pablo II en los distintos eventos. Pero ¿cuál fue el itinerario del Papa en esta ciudad? ¿Dónde ocurrieron los acontecimientos que permitieron a la prensa asemejar a Su Santidad a un huracán que arrasó a Medellín, ayudado por los vientos de la fe?
Para lograr que dicho periplo no tuviera su punto negro se hizo una ardua preparación, además de lo que ya se ha descrito.
Se planeó una logística adecuada para los programas multitudinarios. En ellos, el Olaya desempeñó un papel protagónico. En la terminal se llevó a cabo la mayor concentración que el Papa presidió en la ciudad.
El aeropuerto suspendió todo servicio en el período del 19 de junio al 10 de julio, a efectos de adecuar correctamente el espacio para el acto popular. El 21 de junio tuvo lugar un simulacro de emergencia para medir la capacidad de reacción de los organismos de atención de desastres y de las instituciones de salud, que, al parecer, no logró los resultados esperados. El Cardenal López Trujillo ripostó vehementemente, aduciendo que se trataba de una apreciación ligera sobre la capacidad del Municipio y de la Iglesia para coordinar encuentros de este tipo. Así, se le entregó un voto de confianza al aeropuerto y se reforzaron las medidas de seguridad para con el Papa y la población que asistiría a la ceremonia.
El Pontífice llegó a Colombia a las 3:15 p.m. del 1 de julio de 1986 al Aeropuerto El Dorado. Lo esperaba una cerrada agenda de siete días, durante los cuales recorrió gran parte del país:
1o de julio: asiste a la Catedral Primada de Bogotá, a una reunión con funcionarios del gobierno.
2 de julio: acto masivo en el Parque Simón Bolívar y mensaje a los jóvenes en el Estadio El Campín.
3 de julio: visita el Parque Juan Pablo II en Chiquinquirá, la basílica de la ciudad y preside un acto masivo impresionante
en el Parque El Tunal.
4 de julio: visita Tumaco y realiza un acto en la Cancha San Judas Tadeo. Conoce la Catedral Metropolitana de Popayán, celebra una misa en la Unidad Deportiva Panamericana en Cali y charla con los niños en el seminario de dicha ciudad.
6 de julio: celebra una misa en Bucaramanga, viaja a Cartagena y ora ante la tumba de san Pedro Claver.
7 de julio: preside una concentración en la Plaza de la Paz de Barranquilla y se lleva a cabo la ceremonia de despedida.
No se incluye en esta relación la visita al valle donde quedó Armero ni el itinerario del día 5. Sobre este último, haremos claridad en la medida que describamos sus detalles.