Melodías de arrabal
Como artista fue prolijo, lo que no deja de sorprender cuando se conocen las dificultades para grabar propias de aquellos tiempos. Más de 700 canciones lo acreditan, entre ellas cinco colombianas (cuatro bambucos y un pasillo: Mis perros , El vagabundo , Rumores – Tras las verdes colinas —, Asómate a la ventana y Mis flores negras del poeta Julio Flores). Su voz se escuchó en cuatro idiomas (inglés, italiano, francés y español). El primer tango que grabó fue en el año de 1917 para la firma Columbia llamado Lita –Mi noche triste— de Pascual Contursi y Samuel Castriota (no son las primeras grabaciones que hace, otros ritmos son llevados al acetato por la voz de Carlitos desde 1912), que luego daría paso a melodías inolvidables, como El día que me quieras , Tomo y obligo , Por una cabeza , Cuando tú no estás , Volver , entre otras, canciones que los habitantes de la época en Medellín, sintieron que recogían las cuitas que al parecer, hasta ese momento, el tango no interiorizara. Esa fue la importancia del tango que cantó Gardel: en él reflejó el dolor, los pesares y las alegrías que el pueblo —ya no solamente argentino y uruguayo—, vivía a diario. En otras palabras, el tango comenzó a decir lo que las gentes querían oír, sumándole una fuerte dosis de sarcasmo y de pesadumbre.
Ése fue el gran Gardel, el que rodó por el mundo inmortalizando su nombre, su voz, las hondas letras de la ‘canción ciudadana`. ¿Por qué decidió venir a Colombia, qué motivos lo impulsaron a hacer los escasos cinco vuelos que terminaron con su vida en la ciudad de Medellín?
El giro cinematográfico
Para ello es necesario reconocer el momento artístico del cantante. Carlos Gardel estaba derivando paulatinamente en una estrella del cine. Su éxito en tierras colombianas no es gratuito, porque además de su espléndida voz, de sus poéticas canciones, de su presentación en vivo en los teatros, las películas que grabó hicieron posible que el ídolo fuera visto , acercado a un público que nunca había tenido la oportunidad de conocerlo como no fuera mediante la audición de sus melodías de arrabal. Fue tan potente su magnetismo, que para los espectadores de las películas era una felicidad repetir las canciones del filme, por lo que a petición del público, los exhibidores de las cintas pasaban tres, cuatro y cinco veces las secuencias donde Gardel cantaba, a fin de que a pleno pulmón y colectivamente, los asistentes a las salas hicieran coro con su ídolo.
Es que el cine potenció casi que geométricamente la nombradía del Zorzal Criollo . Su actividad en la escena cinematográfica comienza desde muy temprano con la película del cine mudo Flor de durazno , realizada en 1916. Después vino La loba , en1919. Hasta aquí, la calidad de su voz sólo se sentía en las pocas emisoras y en las escasas victrolas de las familias adineradas. Pero a partir de 1930 filmó diez cortometrajes en Argentina, para proseguir con su primer largometraje Luces de Buenos Aires del año 1931. Después, una tras otra, vendrían las cintas que lo encumbraron en el imaginario colectivo: Espérame, La casa es seria, Cuesta abajo, El tango en Broadway, El día que me quieras, Tango Ba r y finalmente, Cazadores de estrellas . Estas últimas con la Paramount Pictures estudio de cine que encontró en Gardel una mina de oro para explotar en toda Latinoamérica y, muy especialmente, en Colombia y en México.
En esta última película Gardel interpreta los tangos Amargura y Apure delantero buey , que eran las canciones grabadas con su nueva casa discográfica la RCA Victor , que estaba muy interesada en promocionar sus temas musicales. Tras este sueño de nuevos éxitos, del estrellato en la pantalla grande, Carlitos se lanzó a su último viaje: la gira promocional de sus nuevos contratos con la Victor y la Paramount.
La gira se inició en Nueva York de donde pasó a Puerto Rico. Seguidamente visitó Venezuela, Aruba y Curazao. Después siguió a Colombia, donde muere. Panamá y México se quedaron esperándolo. Partió de Norteamérica en el barco Coamo , pasó a San Juan, donde una multitud lo recibió de forma apoteósica, situación que se repetirá en cada uno de sus sucesivos destinos. En San Juan permaneció veintidós días. Posteriormente continuó hacia La Guaira , Venezuela, donde fue recibido y atendido muy especialmente por el dictador Juan Vicente Gómez, para quien interpretó un concierto en privado. Y por primera vez Carlos Gardel hizo un vuelo en avión, dirigido a Curazao y Aruba. En dicha ocasión expresó en forma bastante pintoresca su temor a estos aparatos, atribuyéndole el ‘fierrito` a sus compañeros de travesía. Algo parecido sintió en París, cuando fue invitado a Londres. Prefirió tomar un ferry , en vez del aeroplano. De las islas caribeñas tomó un vapor, el Presidente Gómez . Arribó a Barranquilla, obligada puerta de entrada a nuestro país, donde convino finalmente en tomar un segundo vuelo de la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos, Scadta , hacia Cartagena. Hasta allí, al parecer intentaba recurrir lo menos posible a los aviones, pero cuando prosiguió su rumbo hacia el interior de Colombia, le fue inevitable transportarse en ellos. La geografía colombiana era agreste y difícil; el transporte fluvial, excesivamente lento, no permitía llegar de la costa atlántica a la capital en menos de diez días, y ni qué decir del terrestre. Luego de presentarse en Cartagena, tomó rumbo a Medellín.
Llegó a las tres de la tarde del lunes 10 de junio de 1935, en un avión de la Scadta , a catorce días de su muerte. Como dato curioso, los Diputados de la Asamblea Departamental lo confundieron con el doctor Alejandro López —importante ingeniero, notable personaje histórico, promotor del desarrollo de Antioquia. Don Q , el comentarista de farándula de la época en el diario El Colombiano , lo describe de manera jocosa en su columna Arenillas y Cascajos:
“.....porque allí no conocían
ni a Alejandro ni a Gardel
sin saber quienes serían
se hizo un tremendo pastel.
De milagro no pidieron
que el doctor López cantara
y que Gardel, un discurso
político les echara”