El cierre y la transformación en parque
En septiembre de 1979 se puso la primera piedra del José María Córdova, lo que situaba al Olaya ante una encrucijada. Existía un diagnóstico técnico que, dada la inminente construcción del nuevo aeropuerto, descartaba por innecesaria a la antigua terminal aérea. En consecuencia, se le debía asignar un uso alternativo futuro. Por medio del Decreto presidencial 2838 de 1980, se dispuso cancelar las operaciones aéreas, destinar sus instalaciones como parque con fines recreativos, culturales y de conservación del medio ambiente, autorizando al Gobierno Nacional para convenir con el Municipio de Medellín las condiciones en que se adelantaría su construcción.
Por supuesto, el Olaya Herrera siguió funcionando, pero cuando en 1985 el José María Córdova inició actividades, aquel suspendió sus operaciones aéreas, dando cumplimiento al ya citado decreto presidencial 2838 y al 753 de 1985, mediante el cual la Aeronáutica Civil entregó el aeropuerto en comodato durante 99 años al Municipio de Medellín para que fuera usado como parque. Toda la aeronavegación se concentró en el José María Córdova, que se suponía lo suficientemente equipado para manejar el volumen de tráfico existente. Fue así como el Olaya Herrera comenzó un período de incertidumbre. El aeropuerto definía su futuro, experimentando la batalla más difícil de su historia.
Se generó una controversia abierta, motivada por las distintas propuestas acerca de la destinación de sus terrenos, que poseen una excelente ubicación y una extensión considerables, en una ciudad que no tiene excepcionales ventajas geográficas para su crecimiento físico. Fueron cuatro las posiciones que hicieron carrera en la opinión pública:
* Destinar el área para vivienda de interés social, pero una parte de ella se reservaría para la construcción de un parque.
* Permitir la construcción de un gran parque arborizado, que sería el nuevo pulmón verde de la ciudad, a fin de reducir la contaminación ambiental y entregar a la comunidad una nueva zona recreativa.
* Conservar el aeropuerto como alterno al José María Córdova, en caso de que se presentase alguna eventual emergencia aérea, como zona de entrenamiento de las escuelas de aviación y de operaciones militares.
* Combinar ambas necesidades, la recreativa y la aeroportuaria: un aeroparque.
Todas las propuestas contaron con fervientes defensores. En ciertos momentos, algunas de ellas fueron percibidas como la salida más sensata para los intereses de la ciudad.
Los actores de la coyuntura fueron diversos: el Gobierno Nacional, los comerciantes, las entidades financieras internacionales, las juntas directivas de las aerolíneas,los usuarios de la aviación regional, lacomunidad médica de los municipios, profesionales de la arquitectura y de la construcción, urbanistas, grupos ecologistas, entre otros. Todos tomaron partido por alguna de las opciones. Los medios de comunicación jugaron un papel protagónico. Progresivamente aumentaron su cubrimiento del proceso final del Olaya Herrera, hasta convertirlo en cuestión de interés general. Las dos propuestas de mayor eco fueron la que propugnaban por un parque ecológico y la que defendía la idea de aeroparque.
En El Colombiano del 5 de junio de 1986, el arquitecto Nel Rodríguez Haussler indicaba la inviabilidad del Parque Gonzalo Mejía (denominación que se pensaba dar al parque ecológico), debido a la incapacidad de financiarse por sí mismo. Sostenía la necesidad de mantener al Olaya como aeropuerto, ante el crecimiento ineludible de Medellín, que como todas las ciudades latinoamericanas, requería un equipamiento suficiente para afrontar las nuevas condiciones que surgen de los acelerados cambios urbanos. Argumentaba que dos aeropuertos en la ciudad no reflejaban una inadecuada utilización del espacioy de los recursos sino quela preparaban para atender las exigencias propias del nuevo entorno socioeconómico.
Dicho artículo es apenas un ejemplo de la discusión en que la ciudad se vio inmersa durante varios años, con mayor intensidad a partir de 1980, siendo su momento más álgido el período comprendido entre la fecha de cierre como aeropuerto, en 1985, hastasu reapertura en 1988.
Durante esos tres años el aeropuerto estuvo como sumergido en un letargo, esperando una salida final, con el consiguiente deterioro parcial de susinstalaciones, aunque prontamente fueron atendidas. En julio de 1986, el Papa Juan Pablo II llegó al Olaya, transmitiéndole un nuevo aire de revitalización. El aeropuerto se dio a la tarea de mejorar sus instalaciones, adecuándolas temporalmente para la visita, que motivó su nueva denominación como Parque Juan Pablo II.
Una de las razones más fuertes que se aducían para el cierre definitivo de las operaciones aéreas en el Olaya Herrera consistía en que había que garantizar la subsistencia financiera del nuevo aeropuerto. Se pensabaque en ese entonces el mercado para las aerolíneas no estaba suficientemente desarrollado para sostener dos terminales. Las agencias internacionales que financiaron la nueva obra veían con preocupación la presencia de un competidor directo para su cliente. Igualmente, los agentes económicos pensaban que sus negocios se verían minados por una defectuosa distribución del mercado.
A esta posición se sumaban los ecologistas, pero bajo el criterio de defensadel medio ambiente. Ellos veían en la clausura de operaciones aéreas en el antiguo aeropuerto una excelente oportunidad para aumentar las áreas de entretenimiento con que la ciudad contaba. Varios proyectos presentadospara la adecuación del nuevo espacio señalaban como deficiente la planeación urbana en lo relativo al equipamiento de parques y zonas verdes:
“Históricamente los parques y las zonas verdes de Medellín y del Área Metropolitana, como lo demuestra el panorama, son el resultado de ideas improvisadas, producto de buenas intenciones de algunos funcionarios, que han quedado como decretos algunas, otras han llegado a ser proyectos, pero ninguna ha tenido la oportunidad de convertirse en una realidad completa.”